sábado, 8 de febrero de 2014

Algo fijo en la mente

A veces simplemente me meto a un lugar sin tener algo fijo en la mente. No sé bien qué es lo que hago hasta que estoy inventándome algo. Siempre he sido un comprador compulsivo. Cuando siento el deseo de comprar, no estoy a gusto hasta que he gastado algo de dinero.

Camino por los pasillos de los supermercados y veo a las señoras que, saliendo de sus trabajos, van a hacer sus compras. Últimamente tengo la maldita manía de voltear a ver sus manos y buscar un anillo, así sé distinguir si son o no candidatas para mis nupcias ficticias en la sección de abarrotes.


Otras veces, las más reflexivas, no les veo las manos sino lo que están comprando; y así viendo los productos me imagino sus vidas, ¿emocionantes? ¿Aburridas? ¿Solitarias? ¿En qué se parecen esas personas que compran un par de manzanas y algo de leche a mí? ¿Llevan alimento para mascotas? ¿Será que entonces viven solas? ¿Muchas verduras y alimentos con fibra? ¿Padecerán acaso de problemas digestivos? ¿Quién está libre de problemas?


Pienso en sus vidas, en sus sueños de llegar al día siguiente a la oficina y matar a todos uno a uno. En sus traumas infantiles arrastrados hasta la adultez, en sus relaciones fallidas, en las personalidades obsesivas, en los neuróticos y psicóticos, en los que están reprimidos y oprimidos, en los que saben que su mejor compañía es un vaso de ron con cola y la televisión. Ya no veo las caras, veo traumas, enredos, crucigramas sin respuestas, hojas rayadas de un block de notas.


Veo a todos intentando mantener una falsa estabilidad. ¿Quién se dice estable sabiendo lo que acontece en el mundo? ¿Quién puede dormir tranquilo sabiendo que hay personas que están en el supermercado maquinando un homicidio en masa, una masacre? No veo las caras, veo ciclos sin cerrar. Inseguridades que crean dependencias, carritos llenos de antiácidos y coca-cola.


Aún no compro nada, sigo caminando viendo productos que sólo compraría si tuviera una casa en el campo. ¿Qué se sentirá tener una casa? ¿Será cierto todo eso que dicen? ¿Y si un ladrón se mete? Mejor un departamento en un piso muy alto de alguna torre, de esas que están vigiladas por policías privados. Gente que armada con gas pimienta está dispuesta a arriesgar su vida por defender a un montón de extraños elitistas que viven en los condominios. Ellos que no pudieron terminar la secundaria porque comenzaron a trabajar. Sus hijos, probablemente trabajan en el supermercado empacando las compras de la señora que lleva un par de manzanas y algo de leche. Empacando las compras del asesino frustrado, aquel que no da propina pero sí las gracias. Soñando en que algún día ellos serán como esos compradores compulsivos que no necesitan nada y aún así gastan en los supermercados sin tener algo fijo en la mente.

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